Noticias eXplora: Animales al servicio de la CIA En 1977 se celebró un juicio contra dos ecologistas que habían liberado delfines de los tanques de investigación de la Universidad de Hawái. En su defensa acudió ante el tribunal un excientífico de la Marina, Michael Greenwood, cuyo testimonio sobrecogió a todos los presentes. Según su relato, Greenwood había estado trabajando en una serie de proyectos ultrasecretos del gobierno estadounidense para el entrenamiento de animales como armas de guerra y homicidas. En concreto, afirmó haber colaborado con el Centro Submarino de la Marina en Kaneohe Bay, Hawái, y con otro centro de mamíferos marinos de la CIA en Key West, Florida. El objetivo de estos adiestramientos consistió en preparar delfines para que pudieran atacar cruceros nucleares rusos atracados en el puerto de La Habana. Además, en Cayo Hueso efectuaron una serie de experimentos denominados «anulación de nadadores», en los cuales a los delfines se les colocaba unos botes de gas y una aguja en su hocico para inyectar dicho gas de alta presión a personas nadando, provocándoles una muerte inmediata. Esas pruebas continuaron en Kaneohe Bay y en Camranh Bay, Vietnam, en 1971. La CIA vendió estos delfines convertidos en armas biológicas a varios países latinoamericanos EXPEDIENTES SECRETOS Greenwood, superado por la atrocidad de estos procedimientos, decidió abandonar la Marina en 1972 y convertirse en un activista contra el maltrato animal. No obstante, declaró ante el juez, que sabía que estos delfines, convertidos en armas biológicas, habían sido vendidos a varios países latinoamericanos por la CIA. Los servicios de Inteligencia estadounidenses adistraron delfines para que pudieran atacar cruceros nucleares rusos No fue hasta que la Agencia Central de Inteligencia desclasificó numerosos documentos en 2019 cuando se supo la magnitud de este proyecto confidencial. Greenwood había dicho la verdad en todos sus términos. En 1960, mientras los ciudadanos estadounidenses disfrutaban en las pantallas de sus hogares con las acrobacias del simpático Flipper, el Ejército daba un uso menos amable a los delfines. El programa secreto fue bautizado como OXYGAS y preparó a dichos animales para infiltrarse discretamente en bahías y puertos enemigos con la intención de colocar explosivos en los cascos de navíos o submarinos. La escasa documentación conservada y sacada a la luz es parca en detalles técnicos, pero se refiere a dos delfines entrenados a los que se denominaba eufemísticamente como «sistemas no tripulados». Los mamíferos acuáticos llevaban las bombas en unos arneses concebidos a medida. ARMAS LETALES Las expectativas de la CIA fueron muy altas y anticiparon mil usos posibles, desde la ejecución de atentados en terreno enemigo a la obtención de información mediante fotografías o ubicando boyas con sensores que detectaran el desplazamiento del adversario o sus ensayos con armas. Sin embargo, la propios memorandos internos revelan que de la ilusión inicial, poco a poco, se fue pasando a la frustración. Los animales no son máquinas de precisión. Son seres vivos volubles. Su obediencia era ciega con los entrenadores, pero no así con un desconocido agente de campo, lo que les hacía, en la práctica, poco operativos. Por tal motivo, en 1967 la CIA reorientó el programa a la obtención de datos de inteligencia. Los delfines actuarían como enlaces de largo recorrido, nadando doce millas de distancia para recuperar objetos con información depositados discretamente por agentes en un determinado punto. Pero también esta tarea resultó, a la postre, demasiado exigente para los animales y el proyecto OXYGAS paulatinamente se fue desinflando. Todo tipo de animales fueron susceptibles de ser utilizados en operaciones de inteligencia En 2013, Smithsonian Magazine entrevistó a uno de los adiestradores del programa, Bob Bailey, quien dio detalles muy jugosos de este entramado. Bailey no solamente entrenó delfines al servicio del Ejército, sino también todo tipo de animales susceptibles de ser utilizados…

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