Noticias eXplora: ¿Puede un sonámbulo matar? El repaso a algunos de los criminales homicidas que tuvieron la desgracia de cometer tales actos durante el sonambulismo suele comenzar con el caso de Kenneth Parks, quizá el más mediático. Pero aquí comenzaremos por otro que también ha hecho correr ríos de tinta, como el del inspector jefe de la Sûreté Nationale ―antiguo nombre de la actual Police Nationale francesa― Robert Ledru. En el mes de junio del año 1887 tenía treinta y cinco años y un prestigio fuera de toda duda. En aquel momento, Ledru investigaba la desaparición de unos marineros, y se dirigió a su puesto de trabajo en la comisaría de Le Havre. Allí fue informado de la aparición de un cadáver en la playa. Se trataba de André Monet, propietario de una boutique parisina, que estaba en Normandía de vacaciones. El pobre infeliz había recibido un disparo. Ledru acudió a la escena del crimen, y observó un conjunto de huellas alrededor del cuerpo. Unas se acercaban y otras se alejaban. Un examen más pormenorizado le permitió percatarse de un pequeño detalle: las huellas correspondientes al pie derecho presentaban menor profundidad que las del izquierdo, lo que podía indicar la ausencia del pulgar. Eso hizo sospechar al inspector, aunque nadie supo entonces por qué. En su mente ya sabía quién era el asesino Inspector Robert Ledru Mandó sacar moldes en yeso para evitar que la pleamar los borrara y se sentó en una roca a esperar el resultado sin querer interrogar a posibles testigos entre pescadores, ladronzuelos y vecinos de los alrededores. En su mente ya sabía quién era el asesino, y los resultados de los moldes lo reafirmaron en su idea. Una vez recogido el cadáver, y con el escenario vacío, únicamente Ledru quedó allí, asegurando a sus compañeros que el caso quedaría resuelto al día siguiente. Al día siguiente, su comisario le pidió respuestas. En ese momento, el inspector miró el proyectil que mató a Monet y sacó su revólver Zig-Zag germano de seis tiros, abrió el tambor y se lo mostró a su jefe: usaba el mismo calibre que esa bala y solo tenía cinco cargas. Para que su confuso razonamiento quedara claro, se quitó el zapato derecho, mostrando que le faltaba el pulgar. Ledru decía no recordar absolutamente nada de la noche en la que mató a Monet Posteriormente realizó la misma confesión ante sus superiores en París, donde reafirmó punto por punto lo mismo que le dijo a su comisario, añadiendo que esa mañana despertó con los zapatos, calcetines y ropa mojados. Era lo único que podía añadir, ya que decía no recordar absolutamente nada. Aduciendo a su condición de sonámbulo, Ledru reconstruyó los pasos que dio en esa noche en la que encontró a Monet en la playa y lo mató. Obviamente, todo era hipotético, pues nadie había visto nada, ni el propio autoinculpado podía asegurar que los acontecimientos ocurrieran de esa forma. A Ledru no le quedó más remedio que pedir su encarcelación, y la Sûreté cerró el caso ante la falta de pruebas, dando a Ledru por culpable. Se cuenta que lo encerraron en una celda bajo observación y dejándole a mano una pistola con balas de fogueo, a ver qué pasaba. Sorprendentemente, una noche el supuesto homicida se incorporó sonámbulo, cogió el arma y disparó contra uno de los guardias que vigilaban sus reacciones nocturnas antes de tumbarse otra vez y seguir durmiendo. Sus días acabaron mientras estaba recluido en una granja a las afueras de París, donde murió en 1937. EL CASO DE WILLIS BOSHEARS El caso de Ledru, si bien muy sorprendente, no es el único. De hecho, entre el suyo y los más actuales hay un número comprendido entre setenta y ochenta, aunque en muchos de ellos las fuentes, los testimonios y los análisis realizados pueden llevar a confusión o fallos de diagnóstico. Uno de esos casos mal identificados, y que a veces se asocia con el sonambulismo, es el de Wayl Gnypiuk. Al parecer, sufría terrores nocturnos debido probablemente a su encierro en un campo de concentración nazi. En uno de esos episodios ―previa ingesta de alcohol y teniendo problemas…

Comments

Be the first to add a comment