Noticias #eXplora <a href="https://static4.abc.es/media/ciencia/2020/10/28/12-kKfC--620x349@abc.jpg">Media</a>En septiembre de 2015 se confirmó la primera detección directa de una onda gravitacional, una especie de eco de una gran colisión: se trata de una perturbación del espacio-tiempo que recorre el universo a la velocidad de la luz, que se origina por la aceleración de grandes masas, y que en este caso procedía de la fusión o choque de dos agujeros negros. Esta primera detección fue histórica porque inauguró una era en la que los astrofísicos pueden rastrear el universo a través de estos «ecos» gravitacionales y porque demostró que es posible hacerlo: los observatorios de ondas gravitacionales cuentan con túneles de kilómetros de largo en los que los sensores detectan cambios de longitud (debidos a la presencia de ondas gravitacionales) menores al diámetro de un protón. De hecho, son tan sensibles que detectan las perturbaciones causadas por los aviones que pasan por encima o por el ruido de las instalaciones. Albert Einstein pensaba que no sería posible detectar estas perturbaciones, porque serían demasiado minúsculas, pero desde 2015 se han sucedido las detecciones de fusiones de agujeros negros de varios tamaños e incluso se ha logrado detectar una fusión de estrellas de neutrones. En este tiempo, la sensibilidad de los instrumentos ha mejorado y nuevos observatorios han entrado en funcionamiento. Así hasta llegar a esta semana, en la que el gran consorcio de los buscadores de ondas gravitacionales, en el que hay 1.300 científicos, ha publicado un nuevo catálogo de eventos, de nombre GWTC-2, que eleva hasta 50 las detecciones de ondas gravitacionales. Con este catálogo no solo se bate un récord, sino que también se avanza en el objetivo de estudiar el universo a través de estas peculiares señales. Vista aérea del detector Virgo, en Cascina, cerca de Pisa (Italia), con dos brazos de 3km - Virgo El «zoo» de las ondas gravitacionales «La gran meta es tener un gran "zoo" de parejas de agujeros negros», ha explicado a ABC Sascha Husa, profesor de investigación de la Universidad de Baleares y miembro del consorcio LIGO/Virgo. «Queremos saber cómo son los agujeros negros típicos, cuál es su masa máxima o su masa mínima. Y queremos comparar los modelos que explican la formación de distintos agujeros negros con las propiedades que observamos». Al igual que los naturalistas se embarcaron hace siglos en expediciones con rumbo a las remotas islas del Pacífico, los detectores de ondas gravitacionales están ahora dando sus primeros pasos por el territorio de lo desconocido. Buscan parejas de objetos compactos, estrellas de neutrones y agujeros negros, cuya fusión puede detectarse y dar mucha información sobre su naturaleza. Representación de la fusión de dos estrellas de neutrones. Entender estos fenómenos permite comprender mejor la evolución y destino del universo y estudiar la materia y la energía en las condiciones más extremas. También permite poner a prueba la Relatividad de Einstein - ESO Estas parejas de objetos están esparcidos por el universo, formados por distintos procesos que no siempre son bien conocidos. En general, ambos objetos compactos danzan uno alrededor del otro, atrapados por una gravedad que cada vez los acerca más. A medida que eso ocurre, van disipando energía en forma de ondas gravitacionales, hasta llegar a un clímax en el que alcanzan velocidades de vértigo, y finalmente se funden en uno solo, liberando un gran «destello» de ondas gravitacionales. Dichas ondas recorren distancia de millones o cientos de millones de años luz y atraviesan la Tierra, ya notablemente atenuadas, sin que sea posible percibirlo si no es con un detector extremadamente sofisticado como LIGO o Virgo. Los detectores de ondas gravitacionales están ahora dando sus primeros pasos por el territorio de lo desconocido Estudiar estas parejas de estrellas de neutrones o de agujeros negros es muy interesante, porque las primeras son un extraño…

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