“Me agarró un gorilón de seguridad de ellos... me lanzó a 20 metros y se acabó el problema”. Así recordaba Javi Molina, el batería de <a href="https://los40.com/tag/hombres_g/a/">Hombres G</a>, el final de aquella noche en la que <a href="https://los40.com/tag/iron_maiden/a/">Iron Maiden</a> asistió a un concierto del cuarteto madrileño en Bwana, un local de copas de Arturo Soria. La sala estaba casi vacía, por eso destacaba tanto aquel grupo de melenudos heavies “que no nos quitaban ojo”. El grupo de pop español no había reconocido al grupo de heavy metal inglés. Pensaban que su presencia allí se debía a que querían montar follón.Para comprender la anécdota en su justa dimensión, habría que situarse en la época: principios de 1984. Los Hombres G acababan de nacer y solo un año antes, después de fichar con Discos Lollipop, habían grabado sus primeros temas: <em>Milagro en el Congo, Venezia, Marta tiene un marcapasos y (La cagaste) Burt Lancaster</em>. Ni siquiera habían lanzado su primer álbum, que llegaría en marzo de 1985, ya con otra compañía discográfica.<a href="https://los40.com/tag/david_summers/a/">David Summers</a>, Javier Molina, Daniel Mezquita y Rafael Gutiérrez, eran entonces “unos chavalines muy jovencitos” que no sabían tocar: “empezamos a grabar discos antes de realmente saber tocar”. A pesar de no saber tocar, lo hacían. Todas las semanas se recorrían los garitos de moda de Madrid, como el Rock-Ola o el Hard Rock. También actuaban en el Bwana, un local madrileño con terraza y solera que a mediados de los 60's se había llamado 'Fresas y Nata' y celebraba bailes domingueros.“Había 20 personas y Iron Maiden"En aquellos días, los medios con los que contaban los Hombres G eran muy precarios. Al principio no tenían batería ni baquetas, aunque sí amplificadores, gracias a un préstamo que les había hecho el padre de David, Manuel Summers. Según cuenta Javi Molina en la primera biografía del grupo (<em>Nunca hemos sido los guapos del barrio</em>): "Con la pasta que ganamos en el Bwana compramos nuestra propia batería, a la que llamé Angelines"A esos conciertos en el local de Arturo Soria, iban sus amigos de siempre, pero aquel miércoles de febrero de 1984, había poca gente, y descubrieron entre el público a cuatro ‘tíos borrachos’ y peludos. Pensaron que era un grupo de macarras que estaba allí para ‘reventarles’. No les reconocieron. Contaban la anécdota en LOS40: “Una anécdota graciosa. Tocábamos en un sitio, en Arturo Soria, el Bwana, y entonces, después del concierto, había una gente con unas pintas... que no pegaban mucho en nuestros shows, super heavies, pero además heavies muy de lujo. Se les veía que se habían comprado la chupa de cuero en la 'boutique del punki'. No había nadie ¿eh?. Estábamos tocando y no había nadie (no había casi nadie). Había 20 personas y Iron Maiden"."Aquel día fue alucinante", cuenta Rafa en la biografía escrita por Javier León. Se dieron cuenta de que esos tipos les observaban atentamente: "No pegaban en ese ambiente ni con cola, los mirabas y te acojonabas, parecía que te miraban desafiantes, nos costaba concentrarnos. Lo primero que pensé fue que eran unos heavies que habían ido a tocarnos las pelotas y que seguro que se liaba alguna pelea en cuanto acabásemos". Y se lió, aunque la sangre no llegó al río.Iron Maiden, de copas por Arturo SoriaIron Maiden, entonces con Bruce Dickinson como vocalista líder, había empezado a tener gran éxito con los álbumes <em>The number of the beast</em> (1982), el primero de la banda de heavy inglesa que alcanzaba el top de las listas británicas, y <em>Piece of mind</em> (1983). En España ya contaban con una gran legión de seguidores y sus dos anteriores giras (Beast on the Road Tour de 1982 y World Piece Tour de 1983) habían pasado por Barcelona, Madrid y San Sebastián.Y aquella noche de principios de 1984, los metaleros estaba tomando una copa en un local de Arturo Soria y viendo a los Hombres G. Una combinación absolutamente disparatada. Como se preguntaba…

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