En Nicaragua podemos contemplar algunos de los enclaves más enigmáticos de todos los vinculados con las culturas precolombinas. Siempre me había interesado por estas culturas, pero el hecho de que llegase a mis oídos la existencia de unas enigmáticas esculturas en la Isla Zapatera, en Nicaragua, hizo que entre los años 2017 y 2018 iniciase un apasionante viaje al lugar en busca de los principales yacimientos arqueológicos de época prehistórica del país. Las sorpresas que me deparó mi travesía fueron indescriptibles, y la cultura nicaragüense no dejó de impresionarme, tanto por su pasado como por su presente. Isla Zapatera está repleta de petroglifos y grandes estatuas de piedra. Aunque algunas de estas estatuas hayan sido trasladadas por el Gobierno al Museo Arqueológico Nacional de Managua y al Museo Convento de San Francisco en Granada para evitar saqueos, la riqueza del lugar sigue siendo apreciable en sus diversas islas, localizadas en el Gran Lago de Nicaragua o Cocibolca. Estos territorios todavía siguen ocultando a día de hoy muchos secretos que me propuse descubrir. Antes de iniciar mi viaje desde la Granada nicaragüense, decidí recorrer las calles y plazas de esta imponente ciudad, con especial atención a su casco histórico. Allí no solo pude apreciar la belleza arqueológica de sus museos, sino también su suntuosidad colonial, caracterizada por los llamativos colores que acompañan a su catedral, construida entre 1880 y 1972. Aunque mi destino era la Isla Zapatera, hice una parada en otras islas primero, como en la de Ometepe y la de los Muertos. En la primera, sus impresionantes figuras localizadas en el Parque de la Iglesia de Altagracia me dejaron sin palabras, aunque todavía no sabía lo que me esperaba cuando llegara a Zapatera. En el caso de la Isla de Los Muertos, de propiedad privada, su nombre no hace honor a su impresionante riqueza arqueológica. La Plazoleta está repleta de petroglifos antropomorfos de gran calidad artística, pero, como sucede con muchas otras representaciones precolombinas, de difícil interpretación. EL HOMBRE COCODRILO Tras este breve pero intenso recorrido por estas islas del Gran Lago, llegué a mi destino, la Isla Zapatera, en donde me esperaban sin lugar a dudas los restos arqueológicos más impresionantes de todo mi viaje. Esta isla, la segunda en extensión después de Ometepe, cuenta con 52km2 de extensión y un lago de 500 metros de diámetro. Sus veinte estatuas colosales de basalto negro me saludaron desde lo alto. Cada una de las mismas con aproximadamente 2,25 metros de estatura e incluso más. Presté especial atención a una de las estatuas, que tenía forma de cocodrilo, la cual despertó enormemente mi curiosidad. Su enorme cabeza y mandíbula me resultaron apabullantemente monstruosas, así como sus ojos, alargados, que producían en mí una gran sensación de inquietud. Su cuerpo, con forma humana, era fuerte, y sus brazos, piernas y pecho tenían un carácter muy robusto. Sin duda, los escultores de estas figuras contaban con cierto conocimiento anatómico, que se observa en el realismo de los músculos y otros pequeños detalles del cuerpo humano. Una de las estatuas descubiertas por Ephraim George Squier en 1849. Al igual que sucede con esta representación mixta de un cocodrilo con cuerpo humano, muchas de estas estatuas representan tanto a figuras antropomorfas como zoomorfas, que en ocasiones se entremezclan. Esa vinculación entre humanos y animales hace alusión al poder del «alter-ego» o el otro yo. El animal se convierte así en el espíritu guardián de la persona, en su «tótem particular». Aunque otras interpretaciones consideran que estas representaciones animales podrían ser divinidades manifestadas como hombres con máscaras zoomórficas. De todos modos, la idea del animal protector es la que más se ha extendido entre los investigadores. Algunos de los rostros de estas figuras reflejan rasgos que no son característicos de las culturas indígenas de la región. Sin embargo, podemos hallar…