Noticias eXplora: Cuando Putin ganó las elecciones de EE UU La unidad 26165 estaba alojada en unos edificios que eran propiedad del Ministerio de Defensa ruso y en otro tiempo habían formado parte de un vasto complejo de principios del siglo XIX, situado en los terrenos de una antigua fábrica textil en el centro de Moscú. Se accedía por una puerta discreta en Komsomolsky Prospekt, bajo un gran arco amarillo de piedra con una extraña toma de corriente orientada a la calle. Durante la Guerra Fría, la unidad 26165, conocida entonces como el Centro Principal del Servicio Especial del GRU –la inteligencia militar de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa, y anteriormente de la URSS–, estaba especializada en descifrar. A mediados de la década de 2000, la unidad se había expandido para incluir la intrusión en redes informáticas, en otras palabras, el hackeo. El comandante de la Unidad 26165 era Viktor Netyksho, un ingeniero de software con formación matemática. Era un hombre ambicioso e intelectual, que había publicado varios artículos sobre funciones probabilísticas y redes neuronales. A principios de 2016, la unidad de Netyksho llevaba más de una década desarrollando herramientas de hackeo, perfeccionando sus habilidades y ampliando sus objetivos. El trabajo de la unidad era respetado dentro de la inteligencia militar rusa: a principios de 2009, el excomandante Sergey Gizunov incluso había ganado un prestigioso premio civil de ciencia y tecnología por crear e implementar sistemas informáticos de alto rendimiento con una arquitectura reconfigurable. En 2016, Gizunov había ascendido a subdirector del GRU. HACKERS AL SERVICIO DE RUSIA Posteriormente destacaría el trabajo de dos oficiales subalternos de la 26165. Uno de ellos era un teniente primero de veinticinco años y originario de la parte rusa de Laponia en el Ártico. Aleksey Lukashev era rubio y delgado, con los ojos castaños muy juntos y unos labios carnosos. Durante unos tres años había estado trabajando bajo el pseudónimo de «Den Katenberg», una identidad que utilizó para cuentas en redes sociales estadounidenses y rusas y una dirección de Gmail. La imagen que Lukashev eligió para Katenberg mostraba a un joven ruso de su edad, pero más musculoso. Lukashev era especialmente hábil creando y automatizando correo electrónico fraudulento que imitaba las advertencias de seguridad de Google, pero que en realidad engañaba a las víctimas para que revelaran sus contraseñas. El segundo personaje digno de mención era Ivan Yermakov, un teniente primero de veintinueve años nacido en los Urales. Delgado, con una nariz prominente, un flequillo moreno que cubría la frente y un comportamiento tímido, había estado hackeando desde al menos 2010. Los hackers gubernamentales como Yermakov y Lukashev suelen usar una serie de pseudónimos para sus identidades en línea. Yermakov prefería los pseudónimos femeninos, como Kate S. Milton, que utilizó para un perfil de Twitter y un blog, acompañado de una foto de una actriz canadiense. «Kate» a veces contactaba con investigadores de seguridad privados para buscar herramientas de hackeo útiles y nuevas vulnerabilidades, y en ocasiones afirmaba trabajar para la respetada empresa rusa de seguridad informática Kaspersky. La unidad 26165 tenía un tamaño considerable, usaba técnicas de intrusión parcialmente automatizadas y tenía un apetito voraz por el riesgo. Sus listas de objetivos se habían ido ampliando con los años. Primero se habían centrado más en el ejército: oficiales de la armada, el ejército de tierra y la fuerza aérea de países rivales e incluso amigos, contratistas de defensa del sector privado, los ministerios de Asuntos Exteriores de Riad, Bruselas y Roma, pero también de Asia, Oriente Medio y especialmente del este de Europa. Más tarde, la unidad optó por los objetivos políticos. OPERACIÓN TUMBAR A HILLARY CLINTON Los servicios de inteligencia de EE UU y Europa, así como empresas privadas de análisis forense digital, habían estado observando durante muchos años a la unidad de hackeo de Netyksho…

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