Nadie sabÃa que estaba ahÃ. O casi nadie. Y ahora, tras un largo esfuerzo, el grupo <a href="
http://www.formaantiqva.com/2020/">Forma Antiqva</a> publica un asombroso disco (en el sello alemán Winter Winter) con once sinfonÃas del valenciano Vicente Baset, compositor y violinista en el Madrid de la primera mitad del siglo XVIII. Una música maravillosa que nada tiene que envidiar a los Vivaldi, Telemann, Boccherini o Scarlatti. Un tesoro que estaba perdido. ¿Y cuántos más habrá?Los reyes Austrias españoles eran grandes protectores de la pintura. De sus impresionantes colecciones salió la mayor parte del Museo del Prado. Pero los Borbones, desde Felipe V en adelante (principios del XVIII), eran mucho más aficionados a la música. Italia era la meca musical del mundo en aquel momento, y a España vinieron, traÃdos por los sucesivos reyes, figuras como Farinelli, Jacome Facco, Domenico Scarlatti, Luigi Boccherini y decenas más.Ellos escribieron la ‘gran música’ española del XVIII. Pero no toda, ni muchÃsimo menos. También hubo grandes compositores españoles. Hoy se recuerda a Santiago de Murcia, Sebastián de Albero, José de Nebra, Antonio de Literes, el padre Antonio Soler y… ¿a cuántos más? ¿Dónde estaba metido Vicente Baset? ¿Y cuántos más quedan por descubrir?<a href="
https://twitter.com/aaronzapico?lang=es">Aarón Zapico</a> (Langreo, Asturias, 1978) lleva la mitad de su vida al frente del grupo Forma Antiqva, que integran sus hermanos Pablo y Daniel, también músicos, y luego un número indeterminado de intérpretes a los que se llama en función de las obras que se vayan a tocar. Pero Forma Antiqva es uno más –de los mejores, desde luego, y de los más prestigiosos en Europa– de las decenas de grupos españoles dedicados a la investigación, recuperación e interpretación de un inmenso tesoro que permanece oculto: la música antigua española, del siglo XVIII hacia atrás.La obra de Vicente Baset (1719-1764), violinista valenciano que tocó en la corte y en los teatros de Madrid en tiempos de Felipe V y Fernando VI, estaba "sepultada" en la Biblioteca Nacional, que se la compró a un anticuario alemán, y en la Biblioteca Estatal de Suecia. Seguramente nadie que hoy esté vivo habÃa oÃdo jamás una nota de Vicente Baset.Cuando Aarón Zapico tuvo en sus manos aquellas partituras y empezó a leerlas, no se lo podÃa creer. "Ya sé que no hay que hacer comparaciones", se rÃe, "pero es que aquello era delicioso. Un español con clara influencia italiana, como todos en su tiempo, que no tenÃa nada que envidiar a Vivaldi, a Albinoni, a Corelli, a ninguno. Aquel tipo escribió doce sinfonÃas y conservamos once. Once maravillas que por fin hemos conseguido grabar. Hice pruebas con la orquesta para ver si aguantaba, como yo creÃa, o si me lo estaba imaginando. Y vaya si aguantaba. Era increÃble. Asà que decidimos grabarlo. Esa música la tenÃa que conocer la gente".En España, no es que le des una patada a una piedra y salga un compositor del siglo XVIII, pero casi. Hay en nuestro paÃs casi 100 catedrales y una infinidad de grandes templos que funcionaban hace dos siglos, o tres, o cuatro. AllÃ, los maestros de capilla –y no solo ellos– escribÃan ingentes cantidades de música que se archivaba, o se almacenaba sin más, y se olvidaba.Británicos, alemanes, franceses, italianos y muchos más han catalogado cuidadosamente su historia musical. Nosotros no. Y hoy es el dÃa en que nadie sabe lo que hay ahÃ. "Es difÃcil entrar en los archivos de las catedrales", lamenta Zapico, "la Iglesia suele poner problemas. Y el tesoro que sin duda encierran tiene que ser descomunal. Nosotros llevamos veinte años trabajando para recuperarlo –en los templos, archivos, bibliotecas, donde sea– y hemos encontrado cosas increÃbles. Pero no todos los dÃas aparece un Vicente Baset, que era un espléndido violinista y a la vista está que un gran compositor. ¿Por qué se le olvidó? No lo sé. Los españoles siempre hemos tendido a apreciar más lo de fuera que lo que hacemos nosotros".¿Al público…