No insultes, gilipollas. Así de contundente es el título del <a href="https://los40.com/tag/libros/a/">libro</a> de <strong>Malbert</strong> en el que cuenta su experiencia personal en el mundo de las <a href="https://los40.com/tag/redes_sociales/a/">redes sociales</a>. En los años que lleva dedicado a ellas ha encontrado en el insulto y las críticas a los personajes públicos, su panacea para ir acumulando seguidores.Claro que también <strong>se han ido multiplicando sus detractores</strong>, sobre todo, los que viven con pasión <a href="https://los40.com/tag/operacion_triunfo/a/">Operación Triunfo</a> y <a href="https://los40.com/tag/festival_eurovision/a/">Eurovisión</a>, dos formatos que ha seguido con intensidad y ha criticado sin ningún miramiento.Ahora cuenta su historia. La de cómo un chico que empezó trabajando como profe de niños acabó en el mundo youtube y <strong>vivió los sinsabores de la exhibición pública</strong>. Unos comienzos con falta de madurez que le hicieron más fuerte y ganar cada vez más confianza en sí mismo.Aunque su vocabulario soez es una de sus señas de identidad, <strong>reconoce que tras sus críticas hay siempre un mensaje que no todo el mundo está dispuesto a desentrañar</strong>. Tiene el descaro y el desparpajo para vivir del show business y la fantasía suficiente para ser todo un entertainment.Y de todo eso, sin tapujos y con la vulnerabilidad del que cuenta su propia historia, habla en un libro que puede ayudar a entenderle un poco mejor.<strong>No insultes, gilipollas</strong><strong>… ya asumiendo la contradicción en el mismo título de tu libro, ¿no?</strong>Exacto, de hecho, es un gag a lo que muchos haters o muchos seguidores que siguen mi trabajo, hacen conmigo. Me acusan de insultar mientras ellos me están insultando. Me dicen, ‘no critiques, hombre, gilipollas de mierda’. A ver, si tú también lo estás haciendo.<strong>Pero, cuando insultas, se supone que tendrías que estar preparado para recibir insultos y, sin embargo, he notado mucho dolor por esta cuestión en el libro, ¿no?</strong>No deberían dolerme según qué críticas. Creo que hay formas y formas de criticar. Una cosa es hablar con tono sarcástico o irónico y otra cosa son las amenazas de muerte, las filtraciones de direcciones de domicilios… estamos hablando de cosas más graves. Al principio duele, es inevitable, porque, como cuento en el libro, no te lo esperas. Es un reflejo de lo que hay hoy en día.<strong>Después de leer el libro me preguntaba, ¿hay un Malbert virtual y un Malbert físico y son muy diferentes o es el mismo todo el rato?</strong>La esencia es la misma. Sí es cierto que hay una exageración, pero no es consciente. A mí siempre me han gustado las artes escénicas y, en cuanto veo el pilotito de la cámara encendido, me vengo arriba, adrenalina de show. Cuando he tenido un novio, una vez cada tres días, también he sido así de pasional. Tiendo a exagerar mucho las cosas. Sí es verdad que el Malbert a nivel personal es un poco más tranquilo pero la esencia de sarcasmo, ironía, critiqueo, ser una persona de barrio con palabras soeces cada dos por tres, ese Malbert existe y es el personal y el profesional.<strong>En un par de ocasiones aseguras que has aprendido a amar el odio y no sé si ese es un buen objetivo, ¿no sería mejor erradicarlo?</strong>Ya, pero piensa que cuando ves que los números empiezan a subir y estás cómodo creando el contenido, si tuviese que erradicar ese odio debería modificar mi personalidad, mi lenguaje y mi contenido y entramos en el debate de si estoy dispuesto a cambiar mi personalidad simplemente porque la gente tiene la piel muy sensible o se ofende muy rápido y no entiende mi tipo de humor. No, no estoy dispuesto a cambiar mi personalidad porque creo que es lo que me define. Me quedan dos opciones, aguantarlo y echarme a llorar o aprovecharme de ello y este libro es la prueba de que he elegido la segunda opción.<strong>Pero, ¿te sientes responsable de fomentar ese odio en redes?</strong>Detrás…

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