El Telescopio Espacial James Webb cumple un año en órbita

"La presión era extrema el día del lanzamiento. A pesar de que confiábamos en nuestro éxito gracias a casi 15 años de preparación, la presión podía sentirse en el aire después de una larga campaña de lanzamiento con una serie de problemas técnicos que tuvimos que solucionar", cuenta <strong>Daniel de Chambure,</strong> responsable de la oficina de Kourou de la ESA en la Guayana Francesa y, anteriormente, jefe de proyecto del telescopio Webb del Ariane 5. No es una exageración afirmar que el mundo entero estaba mirando. Varios años de desarrollo y promesas habían convertido al Telescopio Espacial James Webb en el anhelado sucesor de <a href="https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/grandes-reportajes/grandes-exitos-del-hubble-2_9260">la leyenda viva del Hubble</a>.El lanzamiento del Webb era comparable con el lanzamiento de las primeras misiones del <a href="https://www.nationalgeographic.com.es/llegada-del-hombre-a-la-luna">programa Apolo de la NASA</a>: una misión extraordinariamente compleja y ambiciosa. La humanidad estaba esperando a posar su próximo <strong>"gran ojo en el cielo"</strong>, el cual supondría un salto cualitativo en la capacidad tecnológica para mirar hacia los mismos orígenes de las galaxias y estrellas. Las esperanzas de una nueva generación de astrónomos se situaban en la cofia del cohete <strong>Ariane 5</strong>proporcionado por la ESA y que acababa de desaparecer entre las nubes sobre el puerto espacial europeo de Kourou, en la Guayana Francesa. <a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/12/20/plano-de-la-vista-lateral-del-telescopio-espacial-james-webb_54dd3d05_221220115034_800x418.jpg">Plano de la vista lateral del Telescopio Espacial James Webb</a>El ascenso en sí estaba programado para que durara unos 30 minutos. La misión en Kourou concluiría una vez se recibiera la confirmación de que el Webb había desplegado automáticamente su panel solar, estaba generando su propia energía y se estaba comunicando con el equipo del Instituto de Ciencias del Telescopio Espacial (STScI) en Baltimore, Maryland, Estados Unidos. Simulaciones y pruebas<strong>Massimo Stiavelli</strong>, responsable de la oficina de la misión Webb en Baltimore, era consciente de que había mucho en juego: <strong>sin el panel solar no habría misión.</strong>Durante los años previos a este momento, Stiavelli<strong> </strong>y el equipo de operaciones de vuelo del STScI realizarían pruebas de forma continuada para probar qué podrían hacer con el Webb una vez estuviera en el espacio.Estas pruebas se simularon en su totalidad en ordenadores, lo que las hacía muy realistas. Al principio todo sería "<strong>nominal</strong>", lo que significa que la nave espacial se comportaría como estaba previsto. Posteriormente, el reducido equipo de ingenieros que programaba las simulaciones, empezaría a inyectar problemas anónimos que el equipo de vuelo tendría que diagnosticar y corregir.  "El más aterrador de todos ellos fue una prueba en la que el panel solar no se desplegó. Éramos conscientes de que, al estar funcionando con baterías, nos quedaríamos sin energía en algún momento", declara Stiavelli.Durante la simulación, el equipo de Massimo lo intentó todo. Enviaron comandos manuales para solicitar el despliegue. Cuando eso no funcionó, iniciaron una serie de movimientos en los que sacudían la nave espacial con la esperanza de liberar el panel. Finalmente, y a medida que se acababa el tiempo y el equipo había probado todo tipo de estrategias, la simulación cooperó y el panel se desplegó. "La situación fue tan tensa que no nos hubiera gustado probarla en la vida real".No obstante, mucho antes de que los operadores de vuelo asumieran el control, Daniel de Chambure y su equipo tuvieron que cumplir su promesa de poner al Webb en órbita de manera segura.La extrema precisión del lanzamientoEl día despuntó temprano. Daniel se despertó a las 4 de la mañana del día de Navidad y se dirigió su puesto de trabajo, donde confirmaría…

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